viernes, 8 de abril de 2016

EL FANTASMA DE LA ESTACIÓN

Por aquella época me sentía desanimado, como vacío. Nada se podía decir que funcionara realmente bien, tampoco realmente mal. Mi vida transcurría como un río turbio que moroso recorría palmo a palmo el camino hacia un mar, donde desembocaban la monotonía y las ilusiones perdidas.

Recuerdo el final del invierno, bueno… el final de nada o el principio de ninguna cosa. Lo recuerdo más que nada por el peso de la ropa que vestía. Es curioso como casi siempre el universo nos pasa desapercibido, pero recordamos claramente las sensaciones a flor de piel de un momento determinado. El caso es que no sé si por necesidades de un modo de vida en el que ya no creía o por el simple deseo de moverme a la espera de que algo sucediese y modificase el curso de los acontecimientos, cada mañana cogía un tren y me dirigía a la ciudad que años atrás me había visto nacer.

Un recorrido lineal con un cambio de tren en una estación abierta al viento y a los rayos invisibles que el cielo implacable lanzaba sobre el conjunto de viajeros que hacían trasbordo. Estos, debidamente aislados en las burbujas que sus dispositivos electrónicos les proporcionaban esperaban pacientes el tren en aquel lugar inhóspito. Mi trayecto finalizaba en una estación del centro, desde donde, andando por una ciudad que ya no reconocía y que para mí había perdido toda el alma de antaño, me dirigía realizar esa labor autoimpuesta, más por una idea de responsabilidad inculcada, la idea de que “algo hay que hacer” y que la vida contemplativa es algo malo en esta sociedad de toma y daca constante.

Fue al principio de asumir esta penitencia de recorrer esa ciudad decorado de cartón piedra, cuando le vi por primera vez. Era uno de aquellos seres semi-invisibles que habitan los rincones sucios, donde nada hay para el viandante común. Iba casi cubierto por ropa andrajosa de pies a cabeza y arrastraba sus pertenencias materiales en un carro de la compra y en una bolsa grande de unos grandes almacenes. Aquella persona vencida,  estaba allí de una forma dudosa. No emitía casi ningún tipo de energía, ya ni siquiera interactuaba con los viajeros hablándoles o simplemente extendiendo su mano a modo de petición.

Un día, a la vuelta de mi deambular diario, la estación estaba más llena que de costumbre. Aquello me obligó a ir hacia el fondo del andén con la esperanza de que el vagón de cola del siguiente tren estuviese lo suficientemente vacío para apoyar la espalda en una de sus paredes. Al no quedar más sitio libre, me situé junto al carrito del mendigo. Fue en ese momento, cuando sentí su mirada amarillenta desde el interior de un cuerpo mineral que parecía formar parte del banco de piedra y la pared de la estación.  Abrí mi móvil y me puse unos auriculares con el fin de crear un escudo invisible que me protegiese de esa mirada.

Así, asilado de mi entorno inmediato, paso una porción de tiempo que no sé si fue corta o larga. El estrepito del tren me sacó de mi introspección. El barullo y los gritos indicaban que algo grave había sucedido en la estación. Al parecer alguien se había tirado a las vías.

Con el tren parado y la estación repleta, sin posibilidad de salir, permanecimos  allí bastante tiempo. Luego,  nos dirigieron al otro andén donde habían desviado el siguiente convoy que pudo llegar a la estación. Desde la ventana pude ver el carrito de la compra y las bolsas del mendigo esparcidas junto a las ruedas del  tren detenido. No quise ver más. Intenté reactivar la burbuja protectora, pero la mirada de aquellos ojos de corneas amarillas seguía persiguiéndome.

Durante algunos días no volví a la ciudad. ¿Para qué? Realmente daba igual estar en un sitio o en otro. Las circunstancias eran las que eran y a ciertas alturas de la vida, el planteamiento en estos casos, es más de aguantar y esperar que pasar a la ofensiva.

Cuando volví, el tiempo había cambiado. Unas pocas golondrinas volaban fuera de la cubierta de la estación donde cambiaba de tren. Algunos de aquellos pájaros, se aventuraban a entrar un poco bajo el techado de hierro, pero enseguida salían. Sin duda  eran rechazadas por el campo de energía  que los seres humanos con nuestras construcciones y aparatos generábamos. Desde el haz de rayos de mi e-book  me llegaba el alma de las palabras, porque el alma también es una forma de energía y existe una remanencia de esta energía espiritual en la palabra escrita. Recuerdo que leía algo de J. Conrad. Conectado con aquella  soledad del mar y de la selva entre el haz geométrico de energía del libro electrónico, mi tren llegó a su destino.    

Las puertas se abrieron y un tropel de gente se dirigió apresuradamente hacia la salida. Yo caminaba unos pasos por detrás y justo antes de salir volví la vista hacia el fondo del andén. Algunas bolsas de unos grandes almacenes y un viejo carrito de la compra yacían junto a una figura familiar inmóvil.

Me quedé plantado en el andén vacío frente al ocupante del  último banco de la estación y este me devolvió la mirada, aquella mirada conocida de esclerótica amarilla. Por un momento me quedé clavado en el sitio, luego cabizbajo, sin volver la vista, me dirigí hacia las escaleras que conducían a la calle.

Unas horas más tarde, finalizadas mis gestiones, volví a la estación para coger el tren a casa. Sin ganas de hacerlo me obligue a mirar hacia el fondo del andén, al banco que habitualmente  ocupaba el vagabundo del carrito, estaba completamente vacío.  Yo tenía constancia de la muerte de aquella persona.  La noticia había salido en varios  medios de comunicación el día de los hechos y yo mismo había visto sus efectos personales  esparcidos junto al tren que lo había atropellado.


Tal vez lo que vi solamente fuera el rastro casi extinto de una energía que en su último acto había dejado aquel ser vencido, tal vez fuera otra persona… El caso es que desde entonces, me he tropezado más veces con esa misma mirada en rincones sucios donde nada hay para esa masa de viandantes comunes que recorren esa carcasa vacía que ahora es para mí la ciudad donde nací.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                        

sábado, 13 de febrero de 2016

DIAMANTES Y OXIDO

Estoy solo en el cuartito pequeño, el gato tumbado junto al radiador. Sentado en ese cuarto que llena la luz de la viña cercana, hoy un tanto gris,  veo los camiones y las construcciones feas que hay junto al campo mientras escucho una vieja canción de Joan Báez. La canción en cuestión es Diamonds & Rust (Diamantes y óxido) una de esas canciones olvidadas que has oído hace mucho y que de repente vuelves a oír y te quedas con el soniquete y la oyes un montón de veces e incluso buscas la traducción de esa canción en Google.

 No sé si será el día gris de este invierno que no ha sido pero que aun así se resiste a dejarnos, la letra de Diamonds & Rust o la mirada ruego de mi gato; la mirada llena de interrogantes acerca de lo que le depara el futuro en su relación conmigo, una relación de la que depende por completo su vida o eso me parece a mí. El caso es que no soy hombre de lágrima fácil, al menos en las cosas importantes de la vida y aquí estoy, como un gilipollas, llorando a moco tendido. No sé si es a causa de una cierta sensiblería barata o quizá, se trate de  una variante de ese trastorno psicosomático conocido como “síndrome de Stendhal” ante la sobre exposición a esta belleza sublime de la desolación que hoy parece rodearme.

La canción Diamantes y Oxido, habla sobre la llamada de teléfono que un hombre, alma vagabunda, hace a su antigua amante en un rapto de nostalgia. Ella escucha y recuerda el pasado común y lo compara con lo que a día de hoy esa relación ofrece: Ese falso oro sucio del óxido y los duros y bellos diamantes cristalizados a partir de una antigua pasión ya extinta. La canción es buena de verdad, porque está escrita desde los sentimientos. Más allá de lo exactas que puedan ser las traducciones de Internet, ya que debo reconocer apesadumbrado que no hablo inglés, por lo que he podido averiguar se refiere al amor juvenil entre la cantante y poetisa y ese gran genio de la música popular del siglo XX que sigue siendo Bob Dylan

Hay una estrofa de la canción en la que describe la relación de ese hombre con esa mujer como una travesía en barco por un océano ignoto, en el que ella es barco, capitán y tripulación y el hombre pasajero que se abandona en sus brazos, confiado en que tras la tempestad de la pasión esta le deje en un puerto seguro.

La mayoría de relaciones terminan tras esta breve singladura, unas bien y otras no tanto. Yo (Parece que fue ayer o tal vez hace cien años) viví algunas, de las cuales guardo aún bastantes recuerdos, diamantes y oxido…

En mi última travesía llegué y me quedé en este puerto en el que estoy ahora. Aunque soy de naturaleza vagabunda, llega un punto en el que deseas quedarte y construir algo. Yo he tenido esa suerte. Muchas veces me despierto por la noche, ante las mil inquietudes que la vida nos va trayendo y extiendo la mano hasta el lado de la cama donde ella duerme y al sentir su cuerpo cálido, muchas de mis cuitas desaparecen.

El mar agitado de estos días turbios, sin duda nos arrebatará muchas cosas valiosas dejándonos un hueco que jamás podremos volver llenar (Vosotros sabéis de lo que os hablo) pero no por eso, ni por que este invierno que no ha sido y no se va y que a mí se me está haciendo tan largo como diez, quisiera dejar de rendir este hoy triste homenaje, que cada catorce de febrero le rindo a ella, la que se acuesta al otro lado de mi cama...

jueves, 4 de febrero de 2016

LOS ROMANOS, LOS GRIEGOS, LOS ESPAÑOLES Y LA MARMOTA

La tradición nos dice de los antiguos griegos, que no emprendían ninguna empresa importante sin antes consultar con el Oráculo de Delfos. Viajaban desde todos los puntos de la Hélade y pasaban por caja en el susodicho templo (Las predicciones del oráculo no eran ni mucho menos gratuitas)  Luego, fueran o no favorables los augurios, generalmente hacían lo que tenían que hacer. Los griegos pese a ser dominadores del comercio Mediterráneo y también temibles guerreros (Unos más que otros), jamás fueron una gran potencia a nivel global, excepción hecha del breve periodo en el que aquel relámpago discípulo de Aristóteles que fue Alejandro y sus falanges, a punta de sarisa (Así se llamaban las largas picas que usaba la infantería helenística) conquistaron el vasto imperio persa y llegaron hasta las ignotas tierras de la India.

Los romanos también eran muy de augurios y de realizar sacrificios previos antes de cualquier aventura bélica, política, comercial, etc; llegando a ser tan importantes los puestos de sacerdotes y augures, que eran copados con todo descaro por las distintas facciones políticas, siendo esta práctica piedra de escándalo durante la mayor parte del tiempo que en el que en Roma los dioses griegos fueron los preponderantes. Sonado fue el caso de Marco Calpurnio Bíbulo, enemigo declarado de Julio Cesar que ocupaba el puesto de augur y que consiguió declarar nefastos los días en que se reunía el Senado para aprobar las reformas que Cesar y sus por aquel entonces socios en el Primer Triunvirato, Pompeyo y Craso pretendían llevar a cabo.

Los españoles como pueblo Mediterráneo y por tanto herederos de griegos y romanos, no podíamos ser menos y miles de años después también recurrimos a la bendición de un nuevo oráculo que no es otro que el “oráculo de la Zarzuela”.

La puesta en escena del Oráculo de la Zarzuela es diferente a la de los antiguos oráculos. Ya no se presenta frente a la imagen de ningún Dios, ni con vestiduras rituales en ningún bosque sagrado ni nada parecido; se presenta en un suntuoso salón forrado de maderas nobles, bajo un magnífico tapiz flamenco que representa una de las batallas del gran Alejandro Magno (No me digan que no es un buen guiño a los viejos oráculos de la antigüedad) Unas veces el augur Felipe VI espera a los peticionarios al pie del tapiz y otras, son estos los que le esperan a él. En ambos formatos, augur y peticionarios pasan después de la foto de rigor al sacta santorum del despacho de Felipe, donde ofrecen a este su visión de la realidad política, para que este la desentrañe y cuando haya eviscerado suficientes ofrendas de los peticionarios, a los que se convoca primero en función de su menor importancia (¿Cortesía o mareo?)  el rey-oráculo emita su augurio no vinculante. Al igual que en los regímenes de la antigüedad, en España, los mandatarios dan mucha importancia a la palabra del oráculo, pero este no está obligado a recibir a los que cuestionan su autoridad y ¡Ay de aquel impío no quiera acudir al oráculo o que proponga pacto alguno antes de que este se pronuncie!

Durante este periodo de consultas del rey-oráculo Felipe VI a las diferentes formaciones políticas surgidas de las elecciones del 20-N, se ha producido otro hecho “mágico” que no por repetido anualmente nos deja indiferentes, es más, en Dr. Miriquituli somos fervientes seguidores de las previsiones de la marmota Phill, esa que habita en un municipio de Estados Unidos de nombre impronunciable, donde hace un frío del carajo. La cosa es que esta predicción natural coincide en el tiempo con otras muchas: Las candelarias, San Blas y su rico refranero, etc.

Bueno… pues el caso es que la marmota ha predicho la pronta finalización de este invierno que no ha sido. En este caso lo que ha dicho el peludo animal ya lo sabíamos todos. También sabíamos sin la mediación del rey-oráculo Felipe VI, que aunque a trancas y barrancas, Pedro Sánchez era el único que podía intentar formar gobierno con la actual composición del congreso y con los escándalos de corrupción que siguen afectando al partido más votado y todo esto sin reunirnos con Coalición Canaria ni con Izquierda Unida.

A la marmota la queremos por que somos amantes de la naturaleza. También nos gusta el folclore y los tapices flamencos de los que tenemos bastantes gracias a que los antepasados del rey-oráculo eran muy dados a coleccionarlos, pero lo que no nos gusta nada es que nos tomen por gilipollas ¿Por qué este marear la perdiz? Si de verdad es tan necesario un gobierno para España (Yo hay días que no lo tengo muy claro) ¿Por qué tanto plazo y tanta coña marinera? A remangarse y al lío, eso si con luz y taquígrafos, por favor. Ya saben los lectores de este blog que no somos muy partidarios de la monarquía y desde luego darle semejante protagonismo a alguien que no ha hecho nada para merecerlo por muy “tradición” que sea, yo es que no lo veo. Me podrán acusar de charlatán y de dar pábulo a cosas tan rocambolescas como esto de la marmota, pero es que el pobre bicho y sus antepasados no han hecho daño a nadie y sobre todo… son gratuitos.

Que san felices a pesar del desgobierno (O a lo mejor... aprovechándose de él.)



martes, 12 de enero de 2016

EL HOMBRE QUE VENDIÓ EL MUNDO

No hacía tanto tiempo que había dejado atrás esa etapa de la vida de una persona en la cual los amigos son casi lo más importante. Tenía pareja y como la mayoría de la gente facturas que pagar…. Recuerdo que era una noche entre semana en una ciudad ni grande ni pequeña, tras terminar con la tarea que me había llevado hasta allí camine por las calles solitarias buscando algún lugar donde tomar una copa. Nunca fui un hombre de salir por ahí solo, pero a pesar de lo frio de la noche prefería pasear por aquellas calles inhóspitas antes que encerrarme en la impersonal soledad de un hotel de negocios.

Al final de un parque divise las luces encendidas de un local abierto. Según me acercaba vi tras las cristaleras que estaba bastante lleno pese a ser la noche que era.  Al abrirse la puerta un viejo rock & roll de Lou Red o de Bowie,  ahora mismo no lo recuerdo, llegó hasta mis oídos. La cosa pintaba bien. Cada día era más raro encontrar garitos en los que no se pinchase música comercial o electrónica. Decidido, subí un escalón y abrí la puerta de madera oscura con cristales color ámbar.
Me quedé parado en la entrada buscando un sitio en la barra, cuando de repente le vi. No cabía duda de que era él. Yo le recordaba siempre vestido con una chupa de cuero negro, ahora levaba un traje azul con la corbata floja y el último botón de la camisa desabrochado. Es curioso, ambos habíamos sufrido la misma evolución en nuestra vestimenta. Su nombre era Jorge y era amigo mío. No un amigo íntimo, más bien amigo de amigos, pero era de mi antigua pandilla y además un tío que me caía bastante bien.

Él me vio al mismo tiempo y con gesto asombrado levantó el brazo a modo de saludo. Era un tipo al que había perdido la pista hacía años. Según me dijeron, se había enganchado a la heroína y sinceramente creía que o bien ya estaba muerto o en la cárcel o tirado en cualquier cubículo infecto chutándose lo que pudiera conseguir, pero su aspecto saludable parecía desmentir este pasado oscuro. Estaba algo más entrado en carnes y aún tenía una buena mata de pelo, eso sí algo más canoso de lo que yo recordaba. Nos estrechamos con fuerza la mano y nos palmeamos los hombros de manera afectuosa.
Tras los saludos de rigor y preguntarnos por nuestras respectivas vidas actuales, pedimos unas copas y recordamos gente y anécdotas de nuestro pasado en común.  Estaba claro que detrás de los buenos momentos había cosas que a Jorge le dolía recordar y ahora sé que a mí también. Noches de excesos, tragedias personales, vandalismo y acciones que vistas en aquel momento resultaban poco edificantes. Hechos que yo recordaba como vividos por una persona distinta a la que era en ese momento.
A nuestra conversación pronto se le acabaron las palabras. Había muchas vivencias comunes difíciles de verbalizar. Tomamos  varias copas más y hablamos sobre la gente del local, la cual parecía rodearnos como si ambos estuviéramos dentro de una burbuja. Luego, Jorge adoptando un tono serio, me dijo que “él había sido siempre mi amigo”. Por mí parte le dije que me alegraba mucho de verle tan bien ya que después de perderle la pista, pensaba que habría muerto en algún lugar extraño bastante tiempo atrás.

Ante este arranque mío de sinceridad, Jorge se irguió en su taburete y me contestó de manera muy seria:

 -No que va. Yo nunca perdí el control. Debes saber que estás cara a cara con el hombre que vendió el mundo-

 Por un momento no supe que decir, luego una carcajada espontanea salió de dentro de mí. Aquello yo ya lo había escuchado  antes… choque su mano y me despedí. A la mañana siguiente tenía que emprender un viaje largo y no quería salir demasiado tarde.

En la calle me di cuenta de que estaba más borracho de lo que creía. No sé cuánto tiempo vagué perdido por las calles vacías de aquella ciudad desconocida. Finalmente di con el hotel. Antes de subir a la habitación, vomité junto a un árbol y compre una botellita de agua en una máquina que había en la entrada. Apenas pude dormir. Sueños convulsos me visitaron durante las horas que permanecí postrado entre aquellas cuatro paredes. Las palabras mi amigo Jorge no dejaban de resonar en mí cabeza “estás cara a cara con el hombre que vendió el mundo”.


Al día siguiente me di una ducha caliente y acompañé el desayuno con un par de tabletas de paracetamol. La larga autopista por la que el coche rodaba  ajeno al mal tiempo exterior me permitió pensar con más claridad en la conversación de la noche anterior. Realmente todos nosotros, tendríamos que haber muerto bastante tiempo atrás en algún lugar lejano… yo era uno de tantos. Yo también le había vendido el mundo a alguien, a alguien quien ni siquiera conocía y se lo había vendido a cambio de aquella jaula de plexiglás para ratones con luces brillantes, colores y escaparates llenos de artículos innecesarios. Ese pensamiento me debería de inquietar, pero la verdad es que no era así.  Yo, igual que mi amigo Jorge, jamás habíamos perdido el control…

In memoriam David Robert Jones (David Bowie) 1947-2016.

domingo, 10 de enero de 2016

LA CASA DE TÓCAME ROQUE

Desde el siglo XVIII  una populosa corrala habitada por unas noventa familias de madrileños de clase modesta se erigía amenazando ruina en lo que hoy es el comienzo de la calle del Barquillo. Al extenso catálogo humano que ocupaba el inmueble, había que añadir al parecer, varios talleres de herrería con cuyos titulares los que los caseros se las teñían tiesas, ya que según se cuenta los herreros eran de natural beodo e inquilinos tendentes a la morosidad.

En el siglo XIX, a la conflictividad permanente del vecindario, donde cada dos por tres tenían que acudir las fuerzas del orden a sofocar altercados o a desalojar inquilinos indeseables se sumó la disputa que los descendientes de los propietarios, dos hermanos que por indefiniciones testamentarias se disputaban la propiedad del inmueble.

A uno de los herederos en disputa que se llamaba Roque, su hermano, cuyo nombre no viene al caso, le interpelaba con mucha frecuencia y  de manera airada al grito de “¡Tócame a mí Roque!” grito que para cachondeo de los habitantes de la Villa y Corte se interpretó, no como un “tócame” de corresponder la propiedad, si no en el sentido de tocar /palpar con intenciones libidinosas. Tan popular se hizo el grito, que a la casa se la acabó conociendo como la casa de “Tócame Roque”

He leído por ahí que las numerosas anécdotas sucedidas en la casa dieron para varios sainetes y creo que fueron inspiración para alguna zarzuela. El mismísimo Galdós la menciona en sus Episodios Nacionales, en aquel episodio en el que Napoleón Bonaparte entró en Madrid por Chamartín vencedor tras la batalla de Somosierra.

Tanto se llegó a  deteriorar la situación, que las autoridades decidieron demoler la corrala en 1850. Al intentar desalojarla, según cuenta la tradición, se produjo un motín que derivó en una auténtica batalla campal. La Casa de Tócame Roque desaparecía como había existido, con mucho ruido.

Al final, la expresión castiza “esto es la Casa de Tócame Roque” a quedado para referirse a algo que es una anarquía, un descontrol, un lugar donde cada uno hace lo que quiere sin respeto ni preocupación por las consecuencias que en los demás pueda tener esta manera de actuar.

En la Carrera de San Jerónimo, no demasiado lejos de donde se encontraba la vieja corrala, existe un edificio coetáneo que tiene todas las papeletas para convertirse (A lo peor lo es ya) en la nueva Casa de Tócame Roque y que no es otro que el congreso de los diputados.

Tras las elecciones del 20 N ¡Vaya fecha! ¿Verdad? La misma en la que fue fusilado José Antonio Primo de Rivera y el general Franco decidió apropiarse de su figura (Con el personaje real tenía poca o ninguna afinidad)  para en dicha fecha, darse baños de multitudes con sus incondicionales y con otros que no lo eran tanto, pero que iban obligados o por los bocatas que repartían. Hablo de unos tiempos que sueron duros de verdad…

Los resultados de este 20 N son de todos sabidos:

El PP con sus peores números desde hace muchos años, es la lista más votada pero sin mayoría absoluta. El PSOE con un resultado igual de malo, salva aparentemente los muebles de partido “líder” de la oposición. Podemos irrumpe con fuerza en el parlamento, quedándose a pocos votos del PSOE a quién habría superado seguramente si se hubiera consumado su unión con IU, el principal actor perjudicado por la actual ley electoral. Ciudadanos, tras una mala campaña electoral se sitúa en cuarta posición, defraudando en parte las expectativas depositadas en este nuevo partido. El resto, los de siempre, los partidos nacionalistas, esta vez con una abultada ventaja en Cataluña de Esquerra Republicana sobre el Partido de Artur Mas que se pega un batacazo de padre y muy señor mío.

A priori parece que esta corrala como la otra, también es ingobernable. Vamos a acercar una lupa al párrafo anterior y tratar de analizar partido a partido (Partidos políticos, que no partidos futbolísticos… yo no soy el Cholo Simeone, por mucho que admire el carácter competitivo del mister del equipo de la otra orilla del Manzanares).

El PP sigue siendo la opción “más vale lo malo conocido…” para un gran número de votantes. Una recuperación económica aún por concretar, no ha podido contrarrestar los muchos escándalos de corrupción en los que el partido se ha visto envuelto y en cuya lucha ha trasmitido una imagen de absoluta inoperancia cuando no de barrer la mierda debajo de la alfombra. Aparentemente están aislados y no tienen con quien pactar, pero si en tiempos hablaban catalán “en la intimidad” quien sabe si por seguir en el machito estos no son capaces de hablar perroflaútico o susanodíaz o que se yo… En cualquier caso, ante unas hipotéticas nuevas elecciones, lo más probable sería que consiguieran aglutinar todo el voto conservador que se les ha escapado en estos comicios y por tanto un mayor número de escaños que los actuales. Está por ver que con todo y con eso pudieran gobernar.

El PSOE tras su lavado de cara con nuevo líder de buen ver ¿Ha conseguido frenar su caída libre? No se sabe. Lo que si se sabe es que numerosos perros de presa, propios y extraños, muerden los tobillos de Pedro Sánchez este señor con tan buena percha. Al bueno de Pedro, no le queda otra carta que jugar que la de la huida hacia delante. La “gran coalición” no parece una opción aceptable, si no más bien un tiro en el pie de Pedro Sánchez y del propio partido. La jugada es liderar la izquierda, pero… ¿Sigue siendo el PSOE un partido de izquierdas? Sus votantes quieren seguir creyéndolo. Ahora sólo falta que el resto de la izquierda se deje liderar…

Podemos, esa formación variopinta liderada por el carismático Pablo Iglesias ha conseguido capitalizar el voto indignado con el anterior statu quo partitocrático. Voto justiciero diría yo… y es que seguramente muchos de los que han votado a este partido no comparten muchas de las ideas de la formación morada pero ven en Podemos, quizá a los únicos capaces de vengarles por lo putas que unos pocos (Con nombres y apellidos) nos las han hecho pasar durante la crisis/saqueo de la que aún luchamos por salir. De momento su éxito electoral es indiscutible. Podemos,  ha fagocitado IU, partido en el que hasta hace no mucho militaban sus principales líderes. Ahora, cautivo y desarmado, al mediático Alberto Garzón no le va a quedar más remedio que entregar su millón de votos a Pablo Iglesias. Cosa esta que no es moco de pavo, ya que con los votos de IU, Podemos superaría en porcentaje de voto al PSOE. Si a alguien virtualmente no le interesa llegar a un acuerdo es a estos de Podemos, ya que muy posiblemente saldrían muy beneficiados caso de tener que repetirse las elecciones.

Ciudadanos, el partido de Abert Rivera, tras su gran éxito en las elecciones catalanas era la gran esperanza blanca de los votantes de centro, pero una mala campaña electoral con sonoras metidas de pata y cierta indefinición en cuanto a su futura política de pactos han desinflado las expectativas de obtener un gran resultado que este partido tenía antes de las elecciones. Albert Ribera ahora sueña con participar en eso que se ha dado en llamar la Gran Coalición junto con el PP y el PSOE, algo que sin duda le daría un valioso altavoz público durante los próximos cuatro años y le otorgaría el marchamo de “hombre de estado” que tanto desea. El intentar no mojarse mucho esta vez no les ha salido bien y la indefinición ideológica de los de Rivera, queriendo pescar a izquierda y derecha del centro, ha acabado decidiendo a sus posibles votantes por los partidos ya consolidados. Quizá si hubieran apelado a la venganza como sus antecesores de UP y D les habría ido algo mejor…

Por último, los partidos nacionalistas catalanes y vascos, que gracias a la ley electoral vigente, cuentan con un peso en el parlamento mucho mayor que el porcentaje de votantes a los que representan. En Cataluña, Convergencia y Unió ha perdido muchos votos a favor de Esquerra Republicana, pero la política parlamentaria de estos grupos se llamen como se llamen básicamente es la misma “¿Qué hay de lo mío?” agravado ahora mismo por el órdago a la grande del nacionalismo Catalán que supone a priori un serio handicap a la hora de pactar con estos partidos para cualquier partido “de estado”.

Este es el panorama político que se nos presenta tras la vuelta de las fiestas de Navidad. Un chocho de dimensiones antológicas en el que sinceramente, no creo que haya nadie capaz de decir quien nos va a gobernar en los próximos cuatro años.

Cada poco, surgen expresiones en la jerga político-periodística que hacen fortuna, algunas de un melodramatismo gilipollesco que no hay por donde cogerlo. Como es el caso de “las líneas rojas”. Líneas rojas para que España no se rompa, la línea roja de no pactar con fulanito o menganito, la línea roja de no cambiar la Constitución… excusas y más excusas para no acabar de una puñetera vez con los bandos y el arrimar el ascua a la sardina propia. España no se rompe así como así, a no ser que no se afronten los problemas cara a cara. Si en Cataluña o en Euscadi se plantea la independencia del resto del estado ¿No será mejor coger el toro por los cuernos? Lo que no se puede hacer es mirar para otro lado y dejar que Artur Mas y Oriol Junqueras te organicen un referéndum y planteen unas elecciones en clave plebiscitaria. Un político como Díos manda debería liderar este proceso, marcar límites y no esconderse detrás de constituciones "sacrosantas" (Que no digo yo que en su día no valiesen, pero que en muchos aspectos hoy son papel mojado) Todo esto de “las líneas rojas” me suena a que los que hasta ahora nos han gobernado, están esperando que está tormenta escampe para seguir pactando privilegios y prebendas con los caciques autonómicos y seguir a los chanchullos que les mandan los grupos económicos a los que en realidad representan. Si, los caciques autonómicos, los mismos que hoy plantean procesos independentistas, que en mi opinión son más impostados que reales.

Otra cosa que no veo ni de cerca ni de lejos es la ley electoral que marca el reparto de los escaños. Los votos valen más si se vota mucho a un partido en una zona o en determinados lugares con poca población, donde los votantes en su mayoría personas mayores suelen votar a los partidos “institucionales” antes al PSOE y en los últimos tiempos al PP. ¿Por qué los votos de unos españoles valen más que los de otros? Sinceramente, creo que todo esto no son más que triquinuelas destinadas a perpetuar: el bipartidismo, el caciquismo autonómico, las diputaciones provinciales, el parlamento bicameral y una estructura de estado que absorbe unos recursos ingentes que el erario público no se puede permitir.

En el caso de la corrala de la calle del Barquillo, fueron las autoridades, las que ante los escándalos y desafueros de los vecinos decidieron demoler el edificio. En el caso de la Casa de Tócame Roque de la Carrera de San Jerónimo los vecinos molestos no son otros que las propias autoridades. Bueno, en teoría la autoridad reside en el pueblo, aunque este hombre del pueblo, ya tiene unos años para saber que siempre las trampas han primado sobre las leyes, pero guarda escondida una esperanza humilde (Que como en el tango, es “toda la fortuna de mi corazón”) de que al final las cosas acaben yendo a su cauce y se consiga un acuerdo amplio… hasta con los que llevan décadas robándonos la cartera. (Eso si para avanzar en la convivencia, la prosperidad y el bien común, no para seguir robándonos como hasta ahora) Yo creo que esta Casa de Tócame Roque en la que se ha acabado convirtiendo este antiguo país, tiene aún arreglo y si los inquilinos viejos y nuevos de la corrala de la Carrera de San Jerónimo arriman el hombro, no será necesario demolerla.

¿Ojalá que tengamos todos un 2016 un poquito mejor de lo que fue el 2015!


Dr Miriquituli. 

jueves, 19 de marzo de 2015

¡YA ES PRIMAVERA EN DR. MIRIQUITULI!

Como en aquel spot publicitario de unos grandes almacenes que tanta fortuna hizo, ya es primavera en Dr. Miriquituli. Y es que la primavera tiene algo de “puerta abierta” de esperanza en el futuro… algo a lo que ningún ser vivo es ajeno.Yo, que casi no escribo, no por falta de ganas si no por falta de tiempo ya que me encuentro inmerso en un nuevo proyecto profesional que absorbe la casi totalidad de mis escasas energías, tampoco me libro de este optimismo que el cercano equinoccio despierta.

Aunque ocupado con el trabajo, por suerte también me tengo que ocupar (Menos de lo que quisiera) de mi pequeño trocito de tierra y de los compañeros que lo ocupan (El burro Homero, Canelo y las gallinas a las que no he puesto nombre porque no me apetece encariñarme demasiado de mis futuros guisos) Este gratificante contacto con la naturaleza hace que perciba los cambios evidentes que en la luz y en la tierra se producen día a día.

En cuanto a la política española en el repaso que habitualmente hago de ella en los post de opinión, más de lo mismo… Al parecer en breve hay unas elecciones en Andalucía a las que no voy a dedicar ni un minuto por que no creo que nada cambie y además me importa un pepino. En el resto del panorama político todo sigue más o menos igual, la única cosa que creo que merece reseñarse es la equiparación que según el ministerio de hacienda se ha hecho de los partidos políticos con otras organizaciones sin afán de lucro como Cáritas, en el caso de las donaciones de particulares y empresas al PP. Claro, todo en esta vida tiene dos facetas: el bien y el mal, el día y la noche, lo masculino y lo femenino… Un Cáritas que atiende las necesidades de los más desfavorecidos, tiene que tener su opuesto, en este caso el PP que ayuda a los bancos, los lobbys y las grandes fortunas.

Como llego a casa muy cansado, he visto algo de tele en el horario que me permite el resto de mi familia. He visto una serie española, los Nuestros, que ensalza las virtudes de nuestros militares en misiones “de paz” en el extranjero. La serie en cuestión, en el más puro estilo yankee, cuenta con algunos actores de acción con cero virtudes interpretativas y unos magníficos efectos especiales, siempre, claro está, para lo que es habitual en las producciones audiovisuales patrias. Han sido tres capítulos, lo cual ha hecho que su digestión haya sido bastante ligera. Yo que soy viejo, y “conozco a las putas por el peinao” se que esta gente de los medios no da una puntada sin hilo. Esta semana un atentado en Túnez, continuas referencias a las barbaridades que los llamados islamistas cometen y esta serie, justo en este momento… ¿No será que alguien quiere condicionar a la opinión pública a favor de una guerra que me temo, está bastante cercana?

En fin… nada nuevo bajo el sol. La primavera es como las organizaciones sin afán de lucro, también tienen su lado chungo. Esto me trae a la memoria una pequeña joya del románico que es el Panteón de los Reyes de San Isidoro de León, donde en unos arcos junto a las tumbas de los antiguos reyes, está pintado al fresco un calendario con unos medallones enumerando por meses, las actividades de los hombres de aquella época y ¡Oh casualidad! justo al llegar la primavera, el campesino ensilla su caballo, empuña la lanza y parte para la guerra contra otros hombres, los enemigos de turno.

No se cuando ni quien combatirá en esa previsible guerra de primavera. Lo que si se es que el próximo fin de semana es el clásico. Un Barça-Madrid que parece que en esta ocasión tiene un claro favorito, tanto por los meritos que en las últimas jornadas parece mostrar el club de la ciudad condal, como por las carencias que exhibe el Real Madrid de un tiempo a esta parte. Visto lo visto en los últimos clásicos, no creo que el Barça lo tenga tan fácil y que este Madrid tan fallón, es en realidad un lobo con piel de cordero. Eso espero ya que todos vds. queridos lectores saben de mi madridismo.

Aunque previsiblemente, el tiempo empeore en próximas fechas, siempre pasa, no quiero yo aguarles la fiesta y me quedo con la idea que proponía al principio, ese optimismo del renacimiento de algo que supone la llegada del primer equinoccio del año, por eso no me duelen prendas al afirmar categóricamente que: YA ES PRIMAVERA EN DR. MIRIQUITULI.

Que sean lo felices que sus prójimos y prójimas les permitan ser y ojito con la manga corta, que el cuarenta de mayo aun queda bastante lejos.



Dr. Miriquituli

viernes, 13 de febrero de 2015

EL ÁRBOL


Echando la vista atrás, ya son bastantes años, casi cincuenta ¡MEDIO SIGLO! Comparo mi existencia con la de esos árboles tontos que no se sabe ni como ni porqué crecen al lado del camino. Igual que el árbol, yo probablemente no tendría por que estar aquí, pero aquí estoy e igual que el árbol de una triste ramita he llegado a desarrollar hondas raíces, ramas largas, abundantes hojas y un tronco de madera dura y pesada.

 

No doy mucho, como el árbol, si acaso ese “pan y quesillo” flor de la falsa acacia, con el que en épocas duras los niños engañaban el hambre y sombra de mi copa ancha en los meses de más calor. Poco más… tampoco pido. Permanezco impertérrito ante el frío, el calor la lluvia o la sequía. No me quejo. Estoy a lo mío sol a sol, luna a luna, anillo a anillo…

 

Me gustan los pájaros, como al árbol. Siento debilidad por esta gente que vive a salto de mata, que si puede te quita algo pero que con su bullicio y actividad rapaz dinamiza mí tiempo lento, vegetal, que nace del tiempo más lento aún de la tierra y los astros.

 

Un tallo aún finito ha prosperado en mi base. Ya apunta maneras de árbol alto y copudo pero aún es frágil y vulnerable a los conejos, ratones y otros mil peligros que amenazan con truncar su desarrollo. Como el árbol, no puedo hacer nada al respecto y esa es la principal y casi única causa de mis desvelos

 

Espero que, solitario en la colina, el rayo que no cesa no hienda aún mi tronco algo carcomido y polvoriento. A estas alturas del baile todo podría pasar… Incluso que cuando pase el invierno, otro milagro de la primavera vuelva a reverdecer mis ramas, dándole ocasión a algún poeta de anotar este gracioso detalle en su libreta de campo.

 

Como veis,  mis aspiraciones son modestas como las del árbol, o quizá realistas, pero en un día como este, 14 de febrero, no quiero dejar de acordarme de la tierra callada que me sustenta. Podría haber enraizado en otra tierra pero lo hice en esta, a veces dura y pétrea, a la que hay que buscar los recovecos de lo amable, pero a veces también generosa cálida y acogedora.

 

Como un árbol, puede que no recuerde la foto del pasado inmediato pero recuerdo muchas cosas. Recuerdo como si fuera ayer, la primera ves que mis raíces se hundieron en tu tierra. Había muchas razones para que aquello no durase, igual que las hay ahora, pero resulta que si duró…

 

Sol a sol, luna a luna, anillo a anillo… Un día, inevitablemente, seré leña de árbol caído. Espero que esta leña no arda roja en otro hogar distinto al mío, al nuestro. Mi mayor aspiración seria que, como un árbol, acabara siendo parte de la tierra bajo mi tronco pero eso no está en mi mano y seguramente tampoco del todo en las tuyas...