sábado, 17 de septiembre de 2016

EL PRINCIPIO DE ACCIÓN Y REACCIÓN

Hoy ha sido un día un poco raro. A una mañana crispada, le ha seguido una tarde donde el universo me ha devuelto hostia a hostia las que yo en mí irracional actitud le he propinado por la mañana. Ya se sabe que una de las leyes que rigen el universo es el principio de acción y reacción y la reacción del universo a mis acciones teniendo en cuenta que este es algo infinitamente más grande y absoluto que mi persona,  pueden haceros imaginar lo que me han dolido dichas hostias…

Por la tarde: me he hecho daño accidentalmente practicando boxeo, esa loca pasión que, a la vejez viruelas, marca en una medida mayor que lo que la prudencia dicta muchos de mis hábitos de vida de un tiempo a esta parte. Este accidente, nada grave (Un impacto de mi antebrazo contra el codo de mi oponente mientras guanteábamos) impedía que prosiguiera con el entrenamiento con comodidad y he preferido salir a correr un poco. En un olivar cercano al gimnasio, en un camino que va a parar a una vía ciclista por la que corro los días que no estoy muy cansado después de entrenar, había una pareja paseando un perro. El animal, un perdigalgo de mediano tamaño y aspecto vivaracho, respondía al nombre de Bowie igual que el recientemente fallecido gran músico británico muy admirado por mi. El caso es que el perro Bowie, desoyendo los gritos de su ama, sin duda conocedora de su carácter traicionero, ha comenzado a correr a mi lado, gesto que yo he interpretado como que tenía ganas de jugar. En estas andábamos Bowie y yo, cuando ni corto ni perezoso el bicho me ha tirado una tarascada por detrás cuando menos me lo he esperaba. Muy probablemente mi cerebro aún no había abandonado el “modo combate” por lo que he evitado el mordisco con un leve, pero suficiente saltito. Es cosa sabida que los perros son básicamente frontales en sus ataques. Bowie al fallar la primera vez ha intentado recomponer la postura avanzando por delante de mí darse la vuelta y volver a acometer, cosa que yo, muy arteramente he  aprovechado para a la que avanzaba propinarle una contundente patada en los cojones. El can, aleccionado por el correctivo, ha retornado con sus dueños, cuyos improperios me han perseguido durante todo el trayecto por el camino de tierra, hasta que he alcanzado la vía ciclista.

Después de correr un rato, al sonar la alarma de mi móvil me he dado la vuelta. En la entrada del camino de tierra he cogido un par de piedras y me las he metido en los bolsillos, por si la pendencia con la manada humano-canina continuaba. Unos pocos metros más para allá mi puntera, la misma que unos minutos antes había impactado en los testículos del perro Bowie, ha ido a chocar con un canto saliente del camino y he salido trompicado hasta caer. Cojeando y con la rodilla y el amor propio magullados he llegado al gim y me he sumado, con más pena que gloria, a una ronda de abdominales con la que el grupo habitualmente suele acabar las clases.

Les puede parecer que mis desgracias no eran para tanto pero yo andaba con la mosca detrás de la oreja al respecto de mi mala suerte. Otra ley que rige el universo y que inexorablemente se cumple, nos dice que si algo va mal siempre es susceptible de empeorar, por lo que he regresado muy despacito al pueblo; primero a la finca, donde mi burro a pesar de mis temores no me ha hecho pagar algún hambre o alguna sed o algún palo que le hubiera propinado en el pasado y luego más tarde a casa, donde he podido ponerme un poco de hielo y betadine.

Esta noche hay una tremenda luna llena, la más cercana del año al equinoccio de otoño. Las molestias tras el vapuleo de esta tarde y la blanca luz que se filtra a través de las persianas de mi habitación, no me dejan dormir. En esta vigilia un pensamiento vuelve recurrente a mi cabeza.

Hace poco he visto fotos de un antiguo amor de más o menos la época que estuvimos juntos. Era una chica realmente guapa. Menuda pero sin que le faltase nada, con un flequillo recto bajo el que unos ojos pequeños y negros relucían como los de los ratones cuando sorprendidos los ilumina la luz de una bombilla. Hoy es una mujer madura con su familia e hijos y creo que es razonablemente feliz. En aquel corto romance que mantuvimos, yo tenía muy poca experiencia en esos temas y ella aún menos. Fue hace muchos veranos ya. Mi forma de ser por aquel entonces era algo cercano a la barbarie, sin embargo ella era una chica muy modosa y formal. Creo que aquella diferencia fue la causa de nuestra mutua atracción.

Hoy se que una promesa en asuntos sentimentales no es algo baladí, realmente siempre lo he sabido y lo que siento ahora no hace si no confirmármelo y yo a esa persona le prometí algo a cambio de algo que nunca había dado a nadie antes. Creo que fue mediado agosto, cuando aquella chica volvió a Madrid con su familia y yo seguí de vacaciones unos días más. Mis vacaciones de aquella época eran una sucesión de fiestas noche tras noche. En una de aquellas noches tuve un accidente de moto en el que, gracias a mi juventud y a muchísima suerte no me sucedió nada grave, tan solo el golpe y unas cuantas abrasiones ocasionadas por el asfalto. Pocos días más tarde regresé a Madrid, aún no repuesto del todo del percance.

Aunque me tenía que incorporar al trabajo, permanecí un tiempo de baja laboral y en la ciudad me volví a encontrar con ella. Nunca he sido paciente si no más bien algo inclinado a la ira fácil, cosa que voy controlando salvo algunos estallidos puntuales que inapelablemente me pasan factura. Una tarde después de ir al medico a que me practicara una cura, quede con aquella chica. La cosa no funciono demasiado bien, a causa de mi inexperiencia o de las heridas del accidente. Aquel pequeño fiasco dio lugar a una discusión entre nosotros como nunca antes la habíamos tenido. Eche a la chica de mi casa con cajas destempladas y tarde bastante tiempo en volverla a llamar, más de lo que las  circunstancias del aquel enfado sin importancia aconsejaban. En aquella conversación rompimos formalmente, aunque realmente ya lo habíamos hecho el día de la discusión considerando por mi parte que “no éramos personas compatibles”

Ahora que los últimos jirones de la juventud se desprenden inexorablemente de mi piel, uno piensa que le gustaría haber vivido varias vidas para haber podido aprovechar las oportunidades perdidas, pero sólo se tiene una vida y se hace con ella lo que se quiere y/o se puede. Tal vez aquella chica y yo hubiéramos podido tener una historia importante en común, tal vez si o tal vez no… tal vez…

El ordenador desde el que escribo estas líneas y que tiene ya más de 10 años decide unilateralmente apagarse a las dos y pico por una razón que no acabo de entender. A lo mejor el universo sigue guanteando conmigo. Salgo a la terraza y la luna azul ilumina los cerrillos que enmarcan la vega. Me hago un infusueños y decido acostarme. Igual es mejor que este escrito se haya perdido. Al final el sueño me vence y me despierto bien entrado el día. Enciendo el ordenador y parte de lo escrito se había conservado como “Documento 1” pese a no haberlo guardado. Decido acabarlo y publicarlo.


En cuestiones amorosas, respecto a aquella acción y otras, tengo que decir que el universo ha sido implacable conmigo. Pero el universo es algo absoluto y el individuo algo relativo no perdurable, por eso como individuo siento las muchas cosas que he hecho “mal” no obstante la vida es lucha y haga lo que haga, me seguiré equivocando. Algo si he sacado en claro en estas horas “diferentes” es que tengo que intentar no volver a patear a ningún perro y mucho menos si este se llama Bowie…

sábado, 25 de junio de 2016

FINAL DE TEMPORADA JUEGO DE TRONOS

Este domingo es el final de temporada de Juego de Tronos y las cosas están así:
Los Lanister siguen siendo la lista más votada, pero lejos de las mayorías absolutas que tenían antaño. Sottovoce, en los pasillos de la Fortaleza Roja de la Moncloa, se discute el liderazgo de Mariano Lannister al que se acusa de berberechismo político, siendo en realidad Cersey Sáenz de Santa María la que lleva las riendas del gobierno y del partido.
En el Norte, las huestes de los Stark con Pedro Nieve y Samsa Díaz que han decidido firmar un armisticio temporal,  cuentan con unas fuerzas bastante mermadas por los conflictos mantenidos hasta ahora con otras casas norteñas. En la última batalla por el gobierno, recibieron in extremis,  el apoyo de las huestes del Valle de Arryn, capitaneadas por Pettir Rivera, más conocido como “Meñique” Un apoyo frágil, ya que este personaje enrevesado, mira más por sus propios intereses que por los de los ciudadanos de Poniente y parece capaz de pactar con cualquiera.
Desde levante, los Targaryen con Pablo Iglesias, madre de dragones, rompedor de cadenas y khalessi de los dothrakis de larga coleta, sumando sus heterogéneas fuerzas parece que va a sustituir como segunda fuerza política a los Stark de Ferraz y tiene cerrado un pacto con los nacionalistas de izquierdas de las Islas del Hierro, para que conduzcan a sus convergencias hasta Desembarco del Rey Felipe  con el fin de vengarse de los Lannister, usurpadores de los derechos sociales, con o sin el apoyo de Pedro Nieve.
Mientras tanto al Norte del Muro, muy cabreados por el brexit, los caminantes blancos de la C.E. agrupan a su ejército de muertos dispuestos a atacar los siete reinos y hacernos pagar caro el saltarnos el objetivo de déficit, sin aparentemente nadie al Sur capaz de plantear un frente común contra ellos.
Que los dioses antiguos y nuevos nos ayuden…

sábado, 11 de junio de 2016

SEGUIR CREYENDO

Ya  han pasado varias semanas desde la final de la Champion Leage y aún no se han apagado los ecos mediáticos, deportivos y sociales de la misma.

Como la inmensa mayoría de los lectores ya sabrán, el Real Madrid se impuso al Atlético en la tanda de penaltis, a la que se llegó tras un empate a un solo gol.

Visto a toro pasado, el remate a puerta de Sergio Ramos, tras una jugada confusa en la que previamente hubo de todo, fue en fuera de juego y no debió subir al marcador, dicho esto, el Real Madrid fue dominador y contó con abundantes ocasiones para haber sentenciado el encuentro.

En la segunda parte, el Atlético se hizo con la posesión de la pelota . Con un sistema de juego en el que prima el músculo, músculo no exento de algunos chispazos de talento futbolístico, dos veces dos, llegó a puerta el atlético. Un penalti fallado por Antoine Griezmann y un magnífico gol de Yannik Ferreira Carrasco, un valor en alza al que habrá que seguir la pista en próximas temporadas, fueron todo el bagaje ofensivo del equipo colchonero mientras tuvo en su poder el esférico.

El Real Madrid supo aguantar el chaparrón con oficio y con derroche físico, esto último es algo a lo que los jugadores blancos no están para nada acostumbrados como demostraron las imágenes de algunas de sus estrellas como: Bale, Modric o Ronaldo, renqueando por el terreno de juego en los últimos minutos del partido.

Como dice Tsun Tzu  “el supremo arte de la guerra es someter al enemigo sin luchar” y es que nunca nadie ha salido victorioso tras un gran esfuerzo ofensivo que se prolonga en el tiempo sin resultados tangibles. En castizo: el Madrid le dio a probar un poco de la medicina, que los colchoneros intentaron administrarle sin éxito en la final del 2014

Esta undécima copa de Europa que viene a adornar las vitrinas madridistas en un año incierto, supone un bálsamo para la "Casa Blanca". La substitución de Rafa Benítez por Cinedine Zidane a mitad de temporada y venir de un año sin títulos, provocaban en el antimadridismo más acérrimo, un exceso de salivación . No es por tanto de extrañar que esta victoria y las circunstancias de la misma hayan sentado tan mal, trascendiendo incluso lo puramente futbolístico.

El caso es que el atletismo más forofo e irracional se ha envuelto en la bandera de "los valores atléticos" negando estos mismos valores, unos valores universales y consustanciales a cualquier aficionado al deporte, al club y los aficionados de la otra orilla del Manzanares, cosa bastante inaceptable en mi opinión.

Para estos aficionados el Real Madrid es el equipo del dinero y del poder y su presidente, Florentino Pérez el mayor chorizo y corrupto de España. Si que es verdad que el fútbol a los niveles de los que estamos hablando, apesta bastante, pero el equipo del Manzanares y su junta directiva no son, ni mucho menos, ningún ejemplo de moralidad. Enrique Cerezo, el presidente del Atlético de Madrid está imputado en el caso del ático de Estepona de Ignacio González, el anterior presidente de la comunidad de Madrid y el mayor accionista del club, Jesús Gil Marín, es el hijo del gran Jesús Gil, aquel gagster que controlaba el emporio delictivo de Marbella, cuna de la especulación inmobiliaria española moderna.

En el plano deportivo, para el hincha atlético, los jugadores del Madrid son unos mercenarios que no sienten los colores, todo lo contrario que los suyos, un hecho que cada año el mercado de fichajes se encarga de desmentir. Como buenos profesionales, los jugadores colchoneros que destacan se van a clubes que les pagan más, ni más ni menos que lo que harían el resto de los profesionales del fútbol en su caso. Cada vez que el Madrid pierde, el anti madridismo en general  (También hay mucho anti madridista supuesto seguidor del Real Madrid), personaliza este fracaso en algún jugador "que para los millones que gana" en su opinión no corre bastante y no digamos ya si es protagonista de una jugada o situación desafortunada como el penalti que falló Juanfran. Seguramente ni la prensa, ni la afición contraria hubiera sido ni tan comprensiva, ni tan magnánima si le hubiera pasado lo mismo a Cristiano Ronaldo o a Sergio Ramos. En el caso de este último deportista, innumerables fueron los memes sobre el penalti que falló contra el Bayern en la semifinal del 2012 y que el Cholo Simeone, aquel jugador sucio y marrullero, hoy entrenador y paradigma de los cacareados valores colchoneros, trató de reeditar sin éxito, echándole encima a la hinchada atlética durante el lanzamiento del sevillano.

Por mucho que se empeñen sus aficionados, de aquel Atlético Aviación, un club de barrio semi profesional, ya no queda nada. Ahora el Atlético de Madrid es una gran empresa, un club de fútbol grande a la altura de los mejores, pero un peldaño por debajo de su eterno rival, en lo que a gestión empresarial y deportiva se refiere.

Es un recurso fácil para personas con poca enjundia asumir como propios los valores de un grupo. Pasa con el fútbol, la política, la nacionalidad, etc... Todos tenemos nuestras ideas, nuestros colores, una bandera o una tierra y nos alegramos con sus triunfos y nos apenamos con sus fracasos. Saber ganar y ser magnánimo con el derrotado no es fácil, pero saber perder y dar la mano a tu rival es realmente difícil y confiere una dimensión de grandeza a quien otorga este gesto. Hay que ser aficionado no fanático, rival no enemigo y no perder nunca de vista que esto es tan solo fútbol...

Estoy convencido que el Atlético de Madrid conseguirá tarde o temprano alzarse con el triunfo en la Champions League, vista su trayectoria de los últimos tiempos y hasta es posible que lo llegue a conseguir frente al eterno rival. Cuando esto ocurra, el Atlético Aviación habrá dado el último paso para ser un club realmente grande y debería no volver a echarle la culpa al empedrado por una derrota, ni a recurrir a los méritos de terceros para tratar de empañar el brillo de los logros del Real Madrid. Algún día esto llegará, mientras tanto toca SEGUIR CREYENDO...





viernes, 8 de abril de 2016

EL FANTASMA DE LA ESTACIÓN

Por aquella época me sentía desanimado, como vacío. Nada se podía decir que funcionara realmente bien, tampoco realmente mal. Mi vida transcurría como un río turbio que moroso recorría palmo a palmo el camino hacia un mar, donde desembocaban la monotonía y las ilusiones perdidas.

Recuerdo el final del invierno, bueno… el final de nada o el principio de ninguna cosa. Lo recuerdo más que nada por el peso de la ropa que vestía. Es curioso como casi siempre el universo nos pasa desapercibido, pero recordamos claramente las sensaciones a flor de piel de un momento determinado. El caso es que no sé si por necesidades de un modo de vida en el que ya no creía o por el simple deseo de moverme a la espera de que algo sucediese y modificase el curso de los acontecimientos, cada mañana cogía un tren y me dirigía a la ciudad que años atrás me había visto nacer.

Un recorrido lineal con un cambio de tren en una estación abierta al viento y a los rayos invisibles que el cielo implacable lanzaba sobre el conjunto de viajeros que hacían trasbordo. Estos, debidamente aislados en las burbujas que sus dispositivos electrónicos les proporcionaban esperaban pacientes el tren en aquel lugar inhóspito. Mi trayecto finalizaba en una estación del centro, desde donde, andando por una ciudad que ya no reconocía y que para mí había perdido toda el alma de antaño, me dirigía realizar esa labor autoimpuesta, más por una idea de responsabilidad inculcada, la idea de que “algo hay que hacer” y que la vida contemplativa es algo malo en esta sociedad de toma y daca constante.

Fue al principio de asumir esta penitencia de recorrer esa ciudad decorado de cartón piedra, cuando le vi por primera vez. Era uno de aquellos seres semi-invisibles que habitan los rincones sucios, donde nada hay para el viandante común. Iba casi cubierto por ropa andrajosa de pies a cabeza y arrastraba sus pertenencias materiales en un carro de la compra y en una bolsa grande de unos grandes almacenes. Aquella persona vencida,  estaba allí de una forma dudosa. No emitía casi ningún tipo de energía, ya ni siquiera interactuaba con los viajeros hablándoles o simplemente extendiendo su mano a modo de petición.

Un día, a la vuelta de mi deambular diario, la estación estaba más llena que de costumbre. Aquello me obligó a ir hacia el fondo del andén con la esperanza de que el vagón de cola del siguiente tren estuviese lo suficientemente vacío para apoyar la espalda en una de sus paredes. Al no quedar más sitio libre, me situé junto al carrito del mendigo. Fue en ese momento, cuando sentí su mirada amarillenta desde el interior de un cuerpo mineral que parecía formar parte del banco de piedra y la pared de la estación.  Abrí mi móvil y me puse unos auriculares con el fin de crear un escudo invisible que me protegiese de esa mirada.

Así, asilado de mi entorno inmediato, paso una porción de tiempo que no sé si fue corta o larga. El estrepito del tren me sacó de mi introspección. El barullo y los gritos indicaban que algo grave había sucedido en la estación. Al parecer alguien se había tirado a las vías.

Con el tren parado y la estación repleta, sin posibilidad de salir, permanecimos  allí bastante tiempo. Luego,  nos dirigieron al otro andén donde habían desviado el siguiente convoy que pudo llegar a la estación. Desde la ventana pude ver el carrito de la compra y las bolsas del mendigo esparcidas junto a las ruedas del  tren detenido. No quise ver más. Intenté reactivar la burbuja protectora, pero la mirada de aquellos ojos de corneas amarillas seguía persiguiéndome.

Durante algunos días no volví a la ciudad. ¿Para qué? Realmente daba igual estar en un sitio o en otro. Las circunstancias eran las que eran y a ciertas alturas de la vida, el planteamiento en estos casos, es más de aguantar y esperar que pasar a la ofensiva.

Cuando volví, el tiempo había cambiado. Unas pocas golondrinas volaban fuera de la cubierta de la estación donde cambiaba de tren. Algunos de aquellos pájaros, se aventuraban a entrar un poco bajo el techado de hierro, pero enseguida salían. Sin duda  eran rechazadas por el campo de energía  que los seres humanos con nuestras construcciones y aparatos generábamos. Desde el haz de rayos de mi e-book  me llegaba el alma de las palabras, porque el alma también es una forma de energía y existe una remanencia de esta energía espiritual en la palabra escrita. Recuerdo que leía algo de J. Conrad. Conectado con aquella  soledad del mar y de la selva entre el haz geométrico de energía del libro electrónico, mi tren llegó a su destino.    

Las puertas se abrieron y un tropel de gente se dirigió apresuradamente hacia la salida. Yo caminaba unos pasos por detrás y justo antes de salir volví la vista hacia el fondo del andén. Algunas bolsas de unos grandes almacenes y un viejo carrito de la compra yacían junto a una figura familiar inmóvil.

Me quedé plantado en el andén vacío frente al ocupante del  último banco de la estación y este me devolvió la mirada, aquella mirada conocida de esclerótica amarilla. Por un momento me quedé clavado en el sitio, luego cabizbajo, sin volver la vista, me dirigí hacia las escaleras que conducían a la calle.

Unas horas más tarde, finalizadas mis gestiones, volví a la estación para coger el tren a casa. Sin ganas de hacerlo me obligue a mirar hacia el fondo del andén, al banco que habitualmente  ocupaba el vagabundo del carrito, estaba completamente vacío.  Yo tenía constancia de la muerte de aquella persona.  La noticia había salido en varios  medios de comunicación el día de los hechos y yo mismo había visto sus efectos personales  esparcidos junto al tren que lo había atropellado.


Tal vez lo que vi solamente fuera el rastro casi extinto de una energía que en su último acto había dejado aquel ser vencido, tal vez fuera otra persona… El caso es que desde entonces, me he tropezado más veces con esa misma mirada en rincones sucios donde nada hay para esa masa de viandantes comunes que recorren esa carcasa vacía que ahora es para mí la ciudad donde nací.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                        

sábado, 13 de febrero de 2016

DIAMANTES Y OXIDO

Estoy solo en el cuartito pequeño, el gato tumbado junto al radiador. Sentado en ese cuarto que llena la luz de la viña cercana, hoy un tanto gris,  veo los camiones y las construcciones feas que hay junto al campo mientras escucho una vieja canción de Joan Báez. La canción en cuestión es Diamonds & Rust (Diamantes y óxido) una de esas canciones olvidadas que has oído hace mucho y que de repente vuelves a oír y te quedas con el soniquete y la oyes un montón de veces e incluso buscas la traducción de esa canción en Google.

 No sé si será el día gris de este invierno que no ha sido pero que aun así se resiste a dejarnos, la letra de Diamonds & Rust o la mirada ruego de mi gato; la mirada llena de interrogantes acerca de lo que le depara el futuro en su relación conmigo, una relación de la que depende por completo su vida o eso me parece a mí. El caso es que no soy hombre de lágrima fácil, al menos en las cosas importantes de la vida y aquí estoy, como un gilipollas, llorando a moco tendido. No sé si es a causa de una cierta sensiblería barata o quizá, se trate de  una variante de ese trastorno psicosomático conocido como “síndrome de Stendhal” ante la sobre exposición a esta belleza sublime de la desolación que hoy parece rodearme.

La canción Diamantes y Oxido, habla sobre la llamada de teléfono que un hombre, alma vagabunda, hace a su antigua amante en un rapto de nostalgia. Ella escucha y recuerda el pasado común y lo compara con lo que a día de hoy esa relación ofrece: Ese falso oro sucio del óxido y los duros y bellos diamantes cristalizados a partir de una antigua pasión ya extinta. La canción es buena de verdad, porque está escrita desde los sentimientos. Más allá de lo exactas que puedan ser las traducciones de Internet, ya que debo reconocer apesadumbrado que no hablo inglés, por lo que he podido averiguar se refiere al amor juvenil entre la cantante y poetisa y ese gran genio de la música popular del siglo XX que sigue siendo Bob Dylan

Hay una estrofa de la canción en la que describe la relación de ese hombre con esa mujer como una travesía en barco por un océano ignoto, en el que ella es barco, capitán y tripulación y el hombre pasajero que se abandona en sus brazos, confiado en que tras la tempestad de la pasión esta le deje en un puerto seguro.

La mayoría de relaciones terminan tras esta breve singladura, unas bien y otras no tanto. Yo (Parece que fue ayer o tal vez hace cien años) viví algunas, de las cuales guardo aún bastantes recuerdos, diamantes y oxido…

En mi última travesía llegué y me quedé en este puerto en el que estoy ahora. Aunque soy de naturaleza vagabunda, llega un punto en el que deseas quedarte y construir algo. Yo he tenido esa suerte. Muchas veces me despierto por la noche, ante las mil inquietudes que la vida nos va trayendo y extiendo la mano hasta el lado de la cama donde ella duerme y al sentir su cuerpo cálido, muchas de mis cuitas desaparecen.

El mar agitado de estos días turbios, sin duda nos arrebatará muchas cosas valiosas dejándonos un hueco que jamás podremos volver llenar (Vosotros sabéis de lo que os hablo) pero no por eso, ni por que este invierno que no ha sido y no se va y que a mí se me está haciendo tan largo como diez, quisiera dejar de rendir este hoy triste homenaje, que cada catorce de febrero le rindo a ella, la que se acuesta al otro lado de mi cama...

jueves, 4 de febrero de 2016

LOS ROMANOS, LOS GRIEGOS, LOS ESPAÑOLES Y LA MARMOTA

La tradición nos dice de los antiguos griegos, que no emprendían ninguna empresa importante sin antes consultar con el Oráculo de Delfos. Viajaban desde todos los puntos de la Hélade y pasaban por caja en el susodicho templo (Las predicciones del oráculo no eran ni mucho menos gratuitas)  Luego, fueran o no favorables los augurios, generalmente hacían lo que tenían que hacer. Los griegos pese a ser dominadores del comercio Mediterráneo y también temibles guerreros (Unos más que otros), jamás fueron una gran potencia a nivel global, excepción hecha del breve periodo en el que aquel relámpago discípulo de Aristóteles que fue Alejandro y sus falanges, a punta de sarisa (Así se llamaban las largas picas que usaba la infantería helenística) conquistaron el vasto imperio persa y llegaron hasta las ignotas tierras de la India.

Los romanos también eran muy de augurios y de realizar sacrificios previos antes de cualquier aventura bélica, política, comercial, etc; llegando a ser tan importantes los puestos de sacerdotes y augures, que eran copados con todo descaro por las distintas facciones políticas, siendo esta práctica piedra de escándalo durante la mayor parte del tiempo que en el que en Roma los dioses griegos fueron los preponderantes. Sonado fue el caso de Marco Calpurnio Bíbulo, enemigo declarado de Julio Cesar que ocupaba el puesto de augur y que consiguió declarar nefastos los días en que se reunía el Senado para aprobar las reformas que Cesar y sus por aquel entonces socios en el Primer Triunvirato, Pompeyo y Craso pretendían llevar a cabo.

Los españoles como pueblo Mediterráneo y por tanto herederos de griegos y romanos, no podíamos ser menos y miles de años después también recurrimos a la bendición de un nuevo oráculo que no es otro que el “oráculo de la Zarzuela”.

La puesta en escena del Oráculo de la Zarzuela es diferente a la de los antiguos oráculos. Ya no se presenta frente a la imagen de ningún Dios, ni con vestiduras rituales en ningún bosque sagrado ni nada parecido; se presenta en un suntuoso salón forrado de maderas nobles, bajo un magnífico tapiz flamenco que representa una de las batallas del gran Alejandro Magno (No me digan que no es un buen guiño a los viejos oráculos de la antigüedad) Unas veces el augur Felipe VI espera a los peticionarios al pie del tapiz y otras, son estos los que le esperan a él. En ambos formatos, augur y peticionarios pasan después de la foto de rigor al sacta santorum del despacho de Felipe, donde ofrecen a este su visión de la realidad política, para que este la desentrañe y cuando haya eviscerado suficientes ofrendas de los peticionarios, a los que se convoca primero en función de su menor importancia (¿Cortesía o mareo?)  el rey-oráculo emita su augurio no vinculante. Al igual que en los regímenes de la antigüedad, en España, los mandatarios dan mucha importancia a la palabra del oráculo, pero este no está obligado a recibir a los que cuestionan su autoridad y ¡Ay de aquel impío no quiera acudir al oráculo o que proponga pacto alguno antes de que este se pronuncie!

Durante este periodo de consultas del rey-oráculo Felipe VI a las diferentes formaciones políticas surgidas de las elecciones del 20-N, se ha producido otro hecho “mágico” que no por repetido anualmente nos deja indiferentes, es más, en Dr. Miriquituli somos fervientes seguidores de las previsiones de la marmota Phill, esa que habita en un municipio de Estados Unidos de nombre impronunciable, donde hace un frío del carajo. La cosa es que esta predicción natural coincide en el tiempo con otras muchas: Las candelarias, San Blas y su rico refranero, etc.

Bueno… pues el caso es que la marmota ha predicho la pronta finalización de este invierno que no ha sido. En este caso lo que ha dicho el peludo animal ya lo sabíamos todos. También sabíamos sin la mediación del rey-oráculo Felipe VI, que aunque a trancas y barrancas, Pedro Sánchez era el único que podía intentar formar gobierno con la actual composición del congreso y con los escándalos de corrupción que siguen afectando al partido más votado y todo esto sin reunirnos con Coalición Canaria ni con Izquierda Unida.

A la marmota la queremos por que somos amantes de la naturaleza. También nos gusta el folclore y los tapices flamencos de los que tenemos bastantes gracias a que los antepasados del rey-oráculo eran muy dados a coleccionarlos, pero lo que no nos gusta nada es que nos tomen por gilipollas ¿Por qué este marear la perdiz? Si de verdad es tan necesario un gobierno para España (Yo hay días que no lo tengo muy claro) ¿Por qué tanto plazo y tanta coña marinera? A remangarse y al lío, eso si con luz y taquígrafos, por favor. Ya saben los lectores de este blog que no somos muy partidarios de la monarquía y desde luego darle semejante protagonismo a alguien que no ha hecho nada para merecerlo por muy “tradición” que sea, yo es que no lo veo. Me podrán acusar de charlatán y de dar pábulo a cosas tan rocambolescas como esto de la marmota, pero es que el pobre bicho y sus antepasados no han hecho daño a nadie y sobre todo… son gratuitos.

Que san felices a pesar del desgobierno (O a lo mejor... aprovechándose de él.)



martes, 12 de enero de 2016

EL HOMBRE QUE VENDIÓ EL MUNDO

No hacía tanto tiempo que había dejado atrás esa etapa de la vida de una persona en la cual los amigos son casi lo más importante. Tenía pareja y como la mayoría de la gente facturas que pagar…. Recuerdo que era una noche entre semana en una ciudad ni grande ni pequeña, tras terminar con la tarea que me había llevado hasta allí camine por las calles solitarias buscando algún lugar donde tomar una copa. Nunca fui un hombre de salir por ahí solo, pero a pesar de lo frio de la noche prefería pasear por aquellas calles inhóspitas antes que encerrarme en la impersonal soledad de un hotel de negocios.

Al final de un parque divise las luces encendidas de un local abierto. Según me acercaba vi tras las cristaleras que estaba bastante lleno pese a ser la noche que era.  Al abrirse la puerta un viejo rock & roll de Lou Red o de Bowie,  ahora mismo no lo recuerdo, llegó hasta mis oídos. La cosa pintaba bien. Cada día era más raro encontrar garitos en los que no se pinchase música comercial o electrónica. Decidido, subí un escalón y abrí la puerta de madera oscura con cristales color ámbar.
Me quedé parado en la entrada buscando un sitio en la barra, cuando de repente le vi. No cabía duda de que era él. Yo le recordaba siempre vestido con una chupa de cuero negro, ahora levaba un traje azul con la corbata floja y el último botón de la camisa desabrochado. Es curioso, ambos habíamos sufrido la misma evolución en nuestra vestimenta. Su nombre era Jorge y era amigo mío. No un amigo íntimo, más bien amigo de amigos, pero era de mi antigua pandilla y además un tío que me caía bastante bien.

Él me vio al mismo tiempo y con gesto asombrado levantó el brazo a modo de saludo. Era un tipo al que había perdido la pista hacía años. Según me dijeron, se había enganchado a la heroína y sinceramente creía que o bien ya estaba muerto o en la cárcel o tirado en cualquier cubículo infecto chutándose lo que pudiera conseguir, pero su aspecto saludable parecía desmentir este pasado oscuro. Estaba algo más entrado en carnes y aún tenía una buena mata de pelo, eso sí algo más canoso de lo que yo recordaba. Nos estrechamos con fuerza la mano y nos palmeamos los hombros de manera afectuosa.
Tras los saludos de rigor y preguntarnos por nuestras respectivas vidas actuales, pedimos unas copas y recordamos gente y anécdotas de nuestro pasado en común.  Estaba claro que detrás de los buenos momentos había cosas que a Jorge le dolía recordar y ahora sé que a mí también. Noches de excesos, tragedias personales, vandalismo y acciones que vistas en aquel momento resultaban poco edificantes. Hechos que yo recordaba como vividos por una persona distinta a la que era en ese momento.
A nuestra conversación pronto se le acabaron las palabras. Había muchas vivencias comunes difíciles de verbalizar. Tomamos  varias copas más y hablamos sobre la gente del local, la cual parecía rodearnos como si ambos estuviéramos dentro de una burbuja. Luego, Jorge adoptando un tono serio, me dijo que “él había sido siempre mi amigo”. Por mí parte le dije que me alegraba mucho de verle tan bien ya que después de perderle la pista, pensaba que habría muerto en algún lugar extraño bastante tiempo atrás.

Ante este arranque mío de sinceridad, Jorge se irguió en su taburete y me contestó de manera muy seria:

 -No que va. Yo nunca perdí el control. Debes saber que estás cara a cara con el hombre que vendió el mundo-

 Por un momento no supe que decir, luego una carcajada espontanea salió de dentro de mí. Aquello yo ya lo había escuchado  antes… choque su mano y me despedí. A la mañana siguiente tenía que emprender un viaje largo y no quería salir demasiado tarde.

En la calle me di cuenta de que estaba más borracho de lo que creía. No sé cuánto tiempo vagué perdido por las calles vacías de aquella ciudad desconocida. Finalmente di con el hotel. Antes de subir a la habitación, vomité junto a un árbol y compre una botellita de agua en una máquina que había en la entrada. Apenas pude dormir. Sueños convulsos me visitaron durante las horas que permanecí postrado entre aquellas cuatro paredes. Las palabras mi amigo Jorge no dejaban de resonar en mí cabeza “estás cara a cara con el hombre que vendió el mundo”.


Al día siguiente me di una ducha caliente y acompañé el desayuno con un par de tabletas de paracetamol. La larga autopista por la que el coche rodaba  ajeno al mal tiempo exterior me permitió pensar con más claridad en la conversación de la noche anterior. Realmente todos nosotros, tendríamos que haber muerto bastante tiempo atrás en algún lugar lejano… yo era uno de tantos. Yo también le había vendido el mundo a alguien, a alguien quien ni siquiera conocía y se lo había vendido a cambio de aquella jaula de plexiglás para ratones con luces brillantes, colores y escaparates llenos de artículos innecesarios. Ese pensamiento me debería de inquietar, pero la verdad es que no era así.  Yo, igual que mi amigo Jorge, jamás habíamos perdido el control…

In memoriam David Robert Jones (David Bowie) 1947-2016.